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Archivo para la Categoría "Fotografía"

Robert Capa (parte III)


Capa compra un elegante abrigo Burberry, una maleta de plata y cajas de condones. Los soldados los utilizaban para mantener las balas secas y él para proteger los rollos de película. Su destino… Normandía.
Se embarca junto al ejercito. Espera unos días entre juegos de pocker y alcohol. La orden de desembarque por fin se da. La compuerta del barco se abre para que los soldados se tiren al mar, nadando o en balsa hasta llegar a la orilla. Capa se da cuenta que el abrigo pesa demasiado y lo avienta al agua. Se queda con su camara Contax y su material. Las fotografías del llamado día D (Los términos Día D y Hora H se usan para señalar el día y la hora en que se iniciará un ataque u operación). Este día, en que las tropas aliadas se adentraron en la costa francesa, marcó el inicio de la liberación de la Europa occidental ocupada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El trabajo de Capa fue extraordinario, en las barricadas, bajo el fuego, Capa empieza a disparar levantando solo el brazo. El cuerpo le temblaba de frío se tardaba demasiado en cargar la cámara, el día estaba gris y la luz no era la idónea para las fotografías. Pero Capa demostró su valentía al estar en el lugar y el momento preciso y las primeras imágenes plasmaban una vez mas los horrores de la guerra.
Siguiendo a los ejércitos entra hasta Berlín y sus fotos aparecen en 7 páginas completas de la revista Life. Ahí conoce a Ingrid Bergman. Ella estaba casada, pero aún así se hicieron amantes. Capa necesitaba un descanso y decide seguirla EU. Ella empezaba a filmar la película “Notorius” de Alfred Hitchcok.
Capa empieza a frecuentar a actores, directores y gente del cine. Viaja a Nueva York con Bergman a la filmación de la película “Arco de Triunfo”. Para estar al lado de su amante, ella le consigue trabajo en el set. Fue la primera vez que se hacían fotografías mientras rodaba la cámara.
Después de una década de guerra, Capa empezaba a manifestar síntomas de trastornos de estrés. Exceso de bebida, depresión. La muerte lo seguía hasta en los sueños. Regresa a Nueva York, junto a su amigo Steinbeck escritor “Al Este del Paraíso”, deciden hacer un libro juntos, sobre la vida cotidiana en la Unión Soviética, con textos de Steinbeck e imágenes de Capa. El libro pasó sin pena ni gloria. Capa odió el trabajo, siempre estuvo acompañado y vigilado por alguien del gobierno, censurando su fotos hasta el final.
Encuentra otra guerra, cubre Tel Aviv. En donde una vez mas es feliz al lado de sus compañeros, jugándose la vida y escapando de la realidad. Esta guerra lo había convertido en una leyenda. Pocos fotógrafos podían contar haber estado en cuatro frentes sano y salvo.
El futuro de la agencia Magnum estaba siempre en la cuerda floja, Capa gastaba mas de lo que ganaba, Su vida de mujeres, juego y alcohol costaba mucho a los socios. Consiguieron mandarlo a Davos a cubrir un reportaje de esquí. Esto empeoro su estado emocional, bebía mas de la cuenta. Conoció a Judith Thorne con quien tendría un romance de tres años.
La vida nomada de Capa había tocado fondo. Sin País, hogar, ni familia cerca. Se refugió en sus amigos cineastas Huston, Bogart, Capote. Una vez mas sus socios se ven en problemas económicos. Organizan una exposición en Tokio. Capa es recibido como héroe. Mainich Press le patrocina un recorrido por Japón. Capa vuelve a sentir el entusiasmo del oficio.
La revista “Life” le ofrece ir a cubrir los acontecimientos de Indochina. Quería seguir el trabajo que había empezado y se enlazaba perfecto con “Arroz Amargo”, un proyecto que documentaba la explotación a la que eran objeto, los trabajadores de los arrozales.
El 25 de Mayo Capa junto con su colegas Mecklin y Lucas, se adentran con las tropas en un jeep, por la zonas de conflicto. El convoy es detenido por ataques. Pasan un par de horas en la carretera. Capa decide ir a fotografiar a un batallón que va cruzando unos campos de arroz.
Se escucha una explosión. Un vietnamita llega gritando: “El fotógrafo ha muerto”. Meclin y Lucas, cruzaron a gatas el campo minado. Capa yacía de espaldas en un charco de sangre. No tenia la pierna izquierda. Tenia una grave herida en el pecho y aferrado a su mano izquierda su camara Contax. La última foto de Capa vivo, la tomó Descamps, mientras caminaba junto a un médico.
La Agencia Magnum preparaba dos obituarios. El de Capa y el de Werner Bischof, quien había muerto en Perú 9 días antes, pero la noticia de su muerte fue el mismo día que el de Robert Capa.
Tres semanas después de su muerte fue enterrado en el cementerio cuáquero de Amawalk. Rompiendo todo el protocolo, el féretro permaneció en la caja de embalaje, que lo lo había transportado desde Oriente. Ahí se leía “Robert Capa fotógrafo”.

Robert Capa (parte II)


Thomas Gunther de la agencia Alliance y Luciel Vogel, descubrieron que André y Capa eran la misma persona. Sin más trámites, e impresionados por la obra, fuera quien fuese quien firmara, lo contrataron.
La guerra civil española fue la oportunidad para Capa y Gerda. No solo como fotógrafos. También puso a prueba su fervor comunista. España era el país en donde cualquier hombre libre podía luchar contra Hitler. Estar en esa guerra, más como camaradas que como fotógrafos, cambió la manera de ver una fotografía para siempre. Era un trabajo hecho desde el lado del pueblo. Como jóvenes comunistas, representaban una batalla idealista contra el totalitarismo. España era entonces la esperanza de detener al fascismo en su avance sobre Europa. La cámara se convirtió en el fusil de Capa. Haría fotos que obligarían al mundo a ver quién era el enemigo. Y así fue.
Aquí comenzó a definirse el “efecto Robert Capa”. Por supuesto que es una pericia técnica que combina, la cercanía con el objeto, la composición y el movimiento, pero es la suma de esto y otras cosas indefinibles, que provocan en el espectador que se transfigure en un testigo presencial.
Las fotos de Capa y Gerda eran los milicianos republicanos luchando por su libertad. Jóvenes voluntarios tras las barricadas. Padres e hijos peleando por un ideal. Mujeres con fusiles. El mundo vería la guerra diferente, vería la guerra con ojos de padre madre o hermano. Y también estaría la foto mas controvertida de la historia del periodismo gráfico. “La muerte de un miliciano”.
La autenticidad de la foto ha sido por muchos años tema de investigaciones completas. Un miliciano español en el preciso instante que es derribado por una bala que le atraviesa la cabeza. Qué es realmente lo diferente de esta fotografía. Tal vez los escasos 20 metros de Capa con el joven. Causó revuelo por tan gráfica descripción de la violencia. Se empezó a cuestionar si la imagen era real o escenificada. La manera mas sencilla de probar si era real, era mostrar los negativos de la secuencia de la cuál salió la “Muerte de un miliciano”. Fue imposible. Todos los negativos se perdieron, inclusive el de la foto en cuestión.
Después de todas las investigaciones, la imagen sigue levantando polémica. Cornell, hermano de Capa y que trabajó con él, negó aún antes de su muerte (2008), que la foto hubiera sido un montaje. “Muerte de un miliciano” es hasta ahora la mejor fotografía de guerra. Lo que defendía esta imagen era que morir en la guerra, era un acto heroico y trágico, y que lo que importaba era que moría un ser humano. Y sigue en la imaginación colectiva como símbolo de la verdad atroz de la guerra.
Lo que es un hecho es que el conflicto español marcó para siempre al artista. Le quitó la vida de su amante Gerda y regresó derrotado como sus camaradas.
Mañana. El día D y su muerte.

Robert Capa (parte I)


Después de la Universidad, estudie la carrera de fotografía. Compartí pupitres y el cuarto obscuro con jóvenes que salían de la preparatoria y no estaban seguros de que carrera elegir. Después se lleno la escuela con alumnos de diferentes carreras de la UNAM, que se mantenía en huelga. Los padres de familia, buscaban cualquier curso, escuela o taller para mantener a sus hijos en alguna institución educativa. Me acuerdo perfectamente cuando llegaron algunos de ellos a mi grado. Cambiaron totalmente el ritmo de las clases.
Sus fotografías eran casi siempre de su alma mater, de sus amigos en las manifestaciones y en las reuniones del consejo estudiantil. En alguna clase nos preguntaron a que tipo de trabajo aspirabamos. La mayoría quería ser fotógrafo de la revista”National Geographic” y algunos querían ir a cubrir una guerra como reporteros gráficos. La mía fue la respuesta mas aburrida del grupo. Me dedicaría a fotografiar producto, a la publicidad, ya conocía el terreno como asistente de dirección en comerciales para TV. Pero me acorde de mis años en la Universidad. Recordé que en algún momento también había querido irme con Green Peace, algún lugar alejado. O unirme a los grupos de voluntarios para ayudar en Africa. Nunca lo hice. Pero cuantos jóvenes lo hacen y son el parte aguas de generaciones que se atrevieron hacer algo que cambio para siempre la historia.
André Friedmann Hungaro de origen judío, huyendo siempre de la guerra. Quería estudiar Ciencias Políticas. El hambre lo obligo a ir a Berlin buscar trabajo. Por recomendaciones de su amiga Eva Besnyo lo emplearon en una agencia de publicidad. Llenaba las botellas de fijador y revelador en el cuarto obscuro. Tomaba prestada la Leica de la agencia y aprendió toda la parte técnica de la cámara. Tuvo su primera oportunidad cuando no había quien cubriera una nota en la agencia y André no la desaprovecho. Leon Trotski daba una conferencia, no era el único fotógrafo. Pero fue el único que se atrevio a estar a unos pasos de el. Las fotografías fueron espectaculares, un Trotski gigante estaba en las imágenes. Era su primera fotografía firmada. Al pie de la foto aparecía “Friedmann”. Se fue a Viena, donde trabajo en una agencia de viajes haciendo fotos de monumentos históricos. Después a París, en donde se cambiaba de hotel para no pagar la cuenta. Empeñaba su única pertenencia, una cámara Leica. para comer y beber. La cámara pasaba tres semanas embargada por cada semana que estaba en manos de Friedmann. Conocio a Gerda, la mujer que sería su compañera. Los dos empezaron a realizar fotos por encargo, pero necesitaban mas dinero para sobrevivir. Inventaron que un fotógrafo trabajaba con ellos, un estadounidense llamado Robert Capa y empezaron a vender fotos tomadas por André y Gerda firmadas por Capa. Tres veces mas de valor que las firmadas por ellos. Por que este nombre? Se dice que el Robert por que sonaba muy americano y el Capa, por Frank Capra director de cine preferido por André. Conocio a los fotógrafos David Seymour (Chim) y Cartier-Bresson. Juntos formaron la agencia Magnum.

Dejarlo ir


El día de hoy recibí un mail, en donde me invitaban a un bazar fotográfico. Se convocaba a todo tipo de personas interesadas en vender objetos relacionados con la fotografía, desde pinzas de bambú, ampliadoras o hasta nuestros propios trabajos (que después de unos años acaban recargados en una pared). Me pareció una excelente idea. Entré a mi cuarto obscuro (ahora convertido en bodega) con papel en mano dispuesta a hacer una lista de mis cosa. Cuando destapé mi ampliadora, me dio un cosquilleo en el estomago. Encontré mi cuaderno de apuntes de los negativos que imprimí, una cantidad de botellas con químicos, papel para impresiones, charolas, cajas, negativos, la cámara Mamiya de formato medio, las cámaras de negativo de 35mm, en fin la lista se hizo larga. Tenia que ponerles precios para enviarlos por mail al organizador del bazar… pero aún no lo hago, en lugar de hacerlo, estoy escribiendo en mi blog esta frustración de no poder vender todas estas cosas que en su tiempo me costaron un gran esfuerzo obtenerlas. De ese cuartito al fondo del pasillo en donde pasé muchas horas haciendo mis fotografías, experimentando con químicos y con papel, compartiendo con mi esposo y mi hija esta pasión que no se en donde ha quedado. Ya no archivo mi material, ya no limpio mi equipo, ya no hay discusiones acerca de mi trabajo, o de cuáles eran los negativos que valía la pena imprimir, de las visitas al centro para comprar químicos.
Y me pregunto si este sentimiento es el que llaman “desprendimiento” y la verdad es que cuesta mucho trabajo. Es el paso para entrar de lleno a la modernidad, a la era digital y despedirme de una buena vez del pasado. De que todas estas cosas tangibles se conviertan en una cámara, una tarjeta y una computadora, con imágenes guardadas en discos duros y no en un álbum fotográfico. Colgadas en una pared o en unos cuadros en una sala de exposición. Claro que ahora con todas estas técnicas y aparatitos nuevos, todo es mas fácil, mas rápido.. pero sin este lado artesanal que tanto me gustaba.
En fin, lo pensare un par de días mas, tal vez sea un proceso que tengo que darle tiempo, o simplemente dejarlo ir.

fotografía “callejera”

Robert Frank
Quienes fueron estos hombres que veían lo que otros no veíamos ?
Creo que lo que todos tenían en común es esta manera de ver la vida libremente, viviendo la aventura, algunos simplemente rentaban un auto y emprendían un viaje como Stephen Shore y otros mas se atrevían a publicar como Robert Frank y otros como el maestro Henri Cartier-Bresson que documentaban esos paisajes humanos que siempre han existido, lo que se es que se atrevieron a salir a las calles con su cámara y mirar a todo aquello que sucedía.

El libro titulado “The Americans” de Robert Frank fué duramente criticado por una sociedad norteamericana que se veía crudamente reflejada y que fotografía tras fotografía no plasmaba este “sueño americano” que orgullosamente pensaban que tenían , Pero Frank y Bresson serían el parteaguas para muchas generaciones de artistas que siguieron su trabajo como Garry Winogrand, pionero en otra manera de hacer fotografía callejera, mostrando la vida cotidiana recorriendo las calles de Nueva York con su cámara Leica fotografiando tan rápido como la gente se movía, Winogrand nos enseño a ver de manera diferente, desde una mujer bella mirando a la cámara, hasta animales del zoológico tras las rejas, también William Eggleston fue influenciado por Frank, Eggleston aunque empezó hacer fotografías en blanco y negro su trabajo decisivo seria el color, descubrió el proceso conocido como Dye-transfer a través de un anuncio de laboratorios fotográficos, se dio a la tarea de averiguar cómo era el procedimiento y quedó impresionado por la saturación de colores y las calidades de las tintas. Una de sus obras más conocidas realizadas por este procedimiento se titula The Red Ceiling, de la larga relación que sostuvo con Janet Susan Mary Hoffmann musa del artista Andy Warhol realizo un proyecto que sería lo mejor de sus obras mostrada al público en el MOMA causando mucha controversia.
Y la lista de grandes fotógrafos haciendo imágenes de lo cotidiano de las calles y objetos es muy larga pero definitivamente para mi estos fueron los que marcaron la diferencia, después llegaría Stephe Shor, Tony Ray, Joel Meyerwitz o Martin Parr, y al final… que tienen en común… creo que enseñarnos a ver todo lo que esta frente a nosotros, detenernos un instante para observar…

Fotografía

Fotografías
de la serie “La Quinta Estación”

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